Publicado en Apuntes de aprendiz

¿Creados para un edificio?


Génesis relata que el ser humano fue creado y puesto en un jardín, no para estar encerrado en un edificio. Su mayor deleite proviene de su contacto con la naturaleza, no de su altura en los rascacielos. La ciudad misma está diseñada acorde a la premisa de que “Todo se trata de nosotros”. La naturaleza, por su lado, grita “Todo es para Dios”, y hace añicos nuestro orgullo y aparente superioridad.

Mientras más “procesemos” los alimentos, las experiencias, los lugares de trabajo, las relaciones, más nos alejamos de su estado natural. A veces no nos damos cuenta pero estamos rodeados de plantas ficticias, luz artificial, aire acondicionado, comida chatarra, café de máquina, comunicaciones cibernéticas y paredes, muchas paredes. 

¿No será por eso que nos sentimos renovados cuando respiramos aire puro, cuando nos pega la luz del sol en el cachete, cuando fijamos nuestra mirada en el firmamento, cuando saboreamos comida casera, cuando alguien nos abraza?

Cada vez más edificios y más encerramiento. Más apuro, más tareas, más ruido, más soledad. Más enfermedades causadas por el estilo de vida y no por los genes. 

Ojo, esta no es una oda a dejar nuestras oficinas y vivir de mochileros contemplando el mundo; es simplemente una intención de buscar el equilibrio y de incubar la pregunta: ¿De qué nos estamos perdiendo cada día? 

No se trata de salir de vacaciones, se trata de un ejercicio diario de estar conscientes de la magnitud de Dios, de recargarnos de la belleza, de aliviar el estrés, la sobrecarga, las exigencias. Para los que vivimos en la ciudad, rodeados de concreto, esto puede ser agotante.Para los que viven rodeados de naturaleza, aprovéchenlo, porque es un privilegio. Por lo menos una vez al día, salgamos al aire libre. Y promovamos este tipo de espacios y actividades en nuestras empresas. Recordemos el Edén. Porque, lo admitamos o no, algo dentro de nosotros se apaga cada día cuando no nos renovamos ni acudimos a esa fuente original. Así que, busquemos espacios verdes, aire libre, actividad sana, conexiones y paisaje.

A veces miramos este planeta y parece estar tan arruinado, como si fuese que alguna vez fue algo perfecto del que ya quedan sólo vestigios. No obstante, esos mismos rastros todavía guían a la fuente. No renunciemos a lo trascendental por débiles sustitutos. Que lo primero del día sea abrir la ventana, no revisar el celular.

Es que tanto lo natural como lo sobrenatural pertenecen a Dios. Al séptimo día de la creación él descansó, vio todo lo que había creado y le pareció bueno, muy bueno.“Tendemos a confinar lo sagrado a un lugar cerrado”, escribe Philip Yancey. ¿Cómo podríamos hacer semejante separación? A través de la creación podemos dar un “Gloria a Dios”, no apartados de ella.

Hay Alguien a quien no podemos reducir, ni cuantificar, ni meterlo en una calculadora o una planilla Excel. Hay Alguien demasiado grande para entender de una vez. Somos expertos en saber cómo funcionan las cosas que él creó, pero no sabemos por qué. Estar ahí afuera, nos da pistas. “Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos. Día tras día no cesan de hablar; noche tras noche lo dan a conocer”, Salmo 19:1-2.

Abramos la ventana.  

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