Publicado en Apuntes de aprendiz

El pulgar de mamá


A pesar de ser sólo un bultito en tu panza, para ti era tu gran tesoro.

Mis pataditas eran nuestra comunicación amorosa. 

Tus tiernas melodías para dormir me hacían danzar feliz.

Tus oraciones me calmaban, mientras los ojos de Dios me contemplaban.

Tus sufrimientos, eran los míos. Porque alguna vez fuimos un solo ser.

Pasaron 9 meses y nací. Lloré con intensidad. Fue la primera vez que nos separaron.

Cuando me trajeron de vuelta, con los ojos apenas abiertos, te vi. Hermosa mi mami.

Agarré tu pulgar con mis manitas. Era mi forma de abrazarte y decirte “Aquí estoy, siempre cerca”.

Pasaron los años y crecí.

Cuántas historias, cuánto desvelo, cuántas oraciones, cuántas lágrimas, cuántas sonrisas, cuánto amor.

Te dolió ver que cada vez me alejaba más porque necesitaba madurar.

Ya no me podías proteger todo el tiempo. Tuviste que confiar en que Dios velaría por mí.

Tus enseñanzas y tu amor incondicional me prepararon para la escuela de la vida.

Tus oraciones nunca cesaron.

Sos mi única mamá. La que Dios escogió para mí.

Ya no nos une el cordón umbilical, pero tenemos una conexión que jamás podrán cortar.

El día en que nací te agarré el pulgar.

Hoy te susurro: “Es mi turno de cuidarte, mami. Aquí estoy, agarra fuerte mis manos”.

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