Publicado en Apuntes de aprendiz

Uvas agrias


 

Lo que los padres toleran, pasa a los hijos. Lo que los líderes toleran, pasa a los colaboradores. Eso de permitir algo que no se tiene por lícito, sin mencionarlo expresamente, es peligroso en el terreno de la ética. Y generacionalmente contagioso.

Jeremías 31:29 expresa “Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera”. Es decir, las consecuencias de dar la espalda a los principios se traducen en una sensación desagradable en las “encías de los descendientes”. Aunque al comienzo parezca ser un deleite, el resultado final es amargo para ellos.

Una de las frases preferidas de cualquier consultor de la ISO 14001 de Gestión ambiental es: “No existe impacto cero”. Por supuesto que ellos se refieren a la huella de carbono que tienen las empresas. Yo me refiero más bien a la dimensión humana de nuestras decisiones y los hábitos que creamos. Toda elección tiene su derivación. Y a veces éstas salpican negativamente a nuestro entorno.

John Steinbeck escribió:

“Hay un gas de inmoralidad que se infiltra y lo invade todo, y que comienza en el cuarto de los niños para no detenerse hasta las oficinas más elevadas, tanto de las corporaciones como de los gobiernos”.

Ese es un gas invisible, imperceptible, que avanza y escala con los años, que penetra sutilmente hasta ser un huésped bienvenido. Empieza con la permisividad y las pequeñas concesiones, continúa con las faltas intencionales. Es un germen antiético que se incuba en el carácter desde la misma niñez, causando a la postre un grave desenlace. Los hijos e hijas crecen y le dan forma al futuro de una nación. Nosotros vemos los síntomas sorprendidos y boquiabiertos. Señores, eso estuvo incubándose desde hace mucho tiempo.

Que no nos sorprenda ver muchos ámbitos de la sociedad deteriorados. Si bien los cambios son callados y lentos, no quiere decir que las cosas no se estén dañando. Sabemos que cada uno es responsable de dar cuentas por su propia vida y su gestión, Dios estableció la familia para que sea una escuela de valores, un traspaso de cultura y bendición. No estamos hablando de una cadena de montaje, porque sabemos que los seres humanos somos creados más bien como obras artesanas exclusivas y con libre albedrío. Sin embargo, los parámetros son puestos por la autoridad de la casa, por el liderazgo de la empresa. Ponemos el límite de qué se tolera y qué no. Qué tipo de semilla se siembra y cuál no.

“Los padres comieron las uvas agrias…” ¿Cómo están los frutos de nuestro carácter? ¿Qué tipo de liderazgo estamos ejerciendo? ¿Qué ejemplo damos en las casa y en nuestras empresas? Lo más lamentable de dejar corroer nuestro carácter es que las consecuencias no terminan con nosotros, sino que “…los dientes de los hijos tienen la dentera”.

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Un comentario sobre “Uvas agrias

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