Publicado en Apuntes de aprendiz

Amistades: lo que llueve y no llueve del cielo


Antes de empezar, va una novedad: este es el primer post co-creado del blog. Le pedí edición y contribución a mi amiga Vivi, porque quería una perspectiva más amplia y realista del tema. Mientras yo veo un avestruz y digo que es un polluelo gigantesco entre pañales, ella dice “Es un avestruz”, jaja. Necesitaba su cable a tierra y a la vez su gran sensibilidad. Haciendo una previa al día de la amistad, realizamos esta cooperación. Esperemos les guste.

Conocer buenos amigos es cuestión de ¿suerte? ¿Es la fuerza del destino? ¿O acaso depende de nuestra voluntad elegir? Aquí va una teoría: hay personas que de verdad “nos llueven del cielo”, no pudimos haberlas buscado, la vida sola nos las trajo un día como un gran regalo. O fue en un evento, o por un tema laboral, por una casualidad o hasta gracias a la presentación de parte de terceros. Y nos conocimos, de entre 7000 millones de habitantes terráqueos, y nuestras personalidades casi de inmediato hicieron ¡clic!

Hasta ahí todo bien con esa lluvia “fortuita” o “destinada”. El desafío siguiente es ¿cómo avanzamos con esa amistad, que todavía está en potencia? Va la segunda parte de la teoría: el arraigo de una amistad no te llueve nunca, ahí nadie tira los dados ni chasquea los dedos esperando crecimiento suertudo. Ahí hay que ponerle trabajo, hay que meter la mano en la tierra y plantar ese vástago, ese esqueje, y cuidar de él para que crezca. “Es como una plantita, que le regás y si no le regás puede morir. Así de sencillo” [ya saben quién de las dos escribió esa frase tan práctica].

Hay que realizar las labores necesarias para que haya frutos. Hay que poner los medios necesarios para mantener y estrechar una amistad. Velar para que la confianza no sufra estragos, poner tiempo, esfuerzo, ganas, afecto, alegría, una buena dosis de perdón [necesaria en toda relación] y también dedicación. Lo de ayer, ya no sirve hoy. Si sobrevivimos de una amistad del “era”, nos quedamos en el pretérito. Apeligramos que el presente te diga: hoy ya no “es”.

El afecto personal nace y se fortalece con el trato. En una amistad, cada reunión, cada conversación, cada intercambio, es un enlace y una concatenación que hacemos con el otro. Son pequeños hilos invisibles que nos unen en el tiempo… y que luego son difíciles de romper.

Esa bóveda llamada Cielo se abre y, sin preparación ni aviso, hace llover a una persona fantástica [quizá en ese momento exacto, donde te sentías en un desierto], PERO depende de nosotros que se quede en tierra, arraigada a nuestra vida.

¿Cómo sabemos a quiénes aferrar a nuestra vida? ¿Cómo discernimos qué amistades nos convienen? Esta es una pregunta clave: ¿ese amigo/a es SALUDABLE para mí? ¿Me hace bien? Dice la R.A.E. que saludable es aquello “provechoso para un fin, particularmente para el bien del alma”. Wow.

De parte de las dos, ¡feliz pre-día de la amistad! ¡Y que sigan lloviendo los buenos amigos!

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4 comentarios sobre “Amistades: lo que llueve y no llueve del cielo

  1. aaah me encantooo!!! siempre digo que cada año conozco una persona quees un regalo de Dios a mi vida.. les envio el link en este momento para q lean tambien jajaja vivi tiene un blog?? yo quiero leerle!!
    Feliz re-día de la amistad!! son una bendición para muchisimas personas!!

  2. majito 😉 no, no tengo blog! soy una escritora frustrada porque escribo para mi nomás! gracias!! vos también sos de bendición para muchos!

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