Publicado en Apuntes de aprendiz

¿Qué estamos dejando?


Vi un documental de la BBC acerca de la bomba atómica que Estados Unidos arrojó en 1945 sobre la ciudad japonesa Hiroshima, durante la II Guerra Mundial. Hubo una parte que me erizó la piel: cuando el presidente norteamericano Harry Truman dio luz verde para que las compuertas del avión se abrieran y “little boy” (como irónicamente apodaron a la bomba) descendiera a su objetivo. Sólo bastaron segundos para que una ciudad entera de civiles desapareciera calcinada. El resto es historia.

Tuvo sus defensores y tuvo sus detractores, sólo algo es certero: la decisión de Harry Truman cambió el curso de la humanidad [y Dios lo juzgará algún día por ello] Aunque ninguno de nosotros lanzaría bombas atómicas [eso espero], sí compartimos algo en común con Truman: todos dejamos un legado –bueno o malo- y nuestras decisiones tienen alcance generacional.

Somos responsables de ponerle fin a las maldiciones que se quieran perpetuar y, a la vez, debemos
honrar el buen legado de los que ya no están. Habremos de enriquecer nosotros mismos dicho legado y prepararlo para el traspaso a aquellos que todavía no nacieron. Dicho en términos sencillos, nos corresponde prolongar la bendición en nuestras familias y grupos. Ocasionar un efecto multiplicador.

Digamos adiós a la mirada cortoplacista. No se trata sólo de nosotros, sino también de los que vienen tras nosotros. ¿Y qué les estamos dejando?

Hay una biblioteca pública en San Pedro del Paraná que se llama “José Giménez”. Nunca conocí a este señor, pero según me contaron, fue un profesor admirado y un escritor profuso. Si bien no tengo punto de comparación con el talento de José Giménez, hoy siento que de alguna manera estoy parada sobre los hombros de su legado. Fue mi biseabuelo materno. Conocer la biblioteca en su honor, fue algo que marcó mi vida y le dio un impulso a mi sueño.

¿Quién no quiere inspirar a las generaciones que le siguen?

Pongámonos los anteojos de lo eterno. Demos algo de qué hablar, pero nunca olvidemos el fundamento de todo legado y lo que mantendrá en pie a nuestra casa a través del tiempo y las circunstancias:  “Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca” (Mateo 7:25). ¿Y quién es la roca?

Pongamos en pausa la vida un ratito y preguntémonos: ¿Qué es lo mejor de mí que quiero traspasar? Lo dijo Albert Einstein:

Nuestra muerte no será el final si podemos vivir en nuestros hijos y la generación joven. Ya que ellos son nosotros.

 

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