Mil y una identidades

“Wherever I go, whatever I do, I wonder where I am in my relationship to you”, canta John Mayer en una de sus músicas. Eso me derivó al siguiente planteamiento: ¿será que sin importar donde me encuentre, sin importar lo que esté haciendo: sigo siendo la misma persona, ceñida a mis principios?

Dependiendo de la hora y del día, todos nos movemos en numerosos grupos, en donde cumplimos funciones diferentes. En algunas manadas nos quieren más, en otras menos; en algunas nos respetan más,  en otras ni fu ni fa; en algunas cobramos protagonismo, en otras pasamos desapercibidos; en algunas nos divertimos, en otras nos re-aburrimos; en algunas formamos parte voluntariamente, en otras vamos por obligación; en algunas lideramos, en otras somos seguidores; en algunas estamos más relajados, en otras hay responsabilidad y presión; en algunas nos elogian, en otras nos critican…

El punto: nos movemos constantemente de un grupo a otro. De una manada a otra. Y a pesar de cómo nos traten y de la función que cumplamos: ¿somos en el fondo iguales?, ¿somos íntegros? [de una sola pieza, sin dobleces]

¿O…

quizá para “caer bien” a todas las manadas justamente ocultamos -por unas horitas nomás- nuestros ideales bajo la alfombra e incorporamos esa personalidad succionadora-de-calcetines [eufemismo de chupamedias, jaja]?

El quid de la cuestión no es qué hacemos, sino quiénes somos.

¿Somos maleables acorde a las influencias? ¿Cambiamos ni bien viajamos? ¿Somos de fierro? ¿Somos camaleónicos? ¿Somo estables? ¿Cedemos ante la presión negativa de ciertos grupos? En suma, ¿somos iguales “Wherever I go, whatever I do”?

El sentido común y la Sociología nos dicen que obviamente nos adaptamos acorde a los grupos en los que nos movemos. Pero en el fondo-fondo estas transiciones no deberían cambiarnos a tal punto de tener mil y una identidades y varios “dialectos”.

Cuando nos miramos el rostro en el espejo necesitamos encontrar una marca distintiva, un sello, una integridad, una constancia en el actuar. O si no, seremos veletas; apuntaremos a cualquier punto cardinal como esos gallos-giratorios e inconstantes asentados en la punta de las casas, que se mueven adonde el viento les ordena.

Perder el afecto

¿Acaso puede un secreto revelado hacer perder el afecto hacia una persona? Lo que para algunos es sólo un dato, para otros es la razón que puede determinar el fin de una amistad o de una relación. Es que tanto la duda y el dolor crean situaciones tensas y de rechazos.

Si alguna vez te llegó información [de primera fuente] de algo que arruinó tu concepto de alguien, si te diste cuenta de que no era quien pensabas, si descubriste su duplicidad, si se te cayó la venda de los ojos, si te llevaste la sorpresa de su verdadero comportamiento, si te des-ilusionaste… este post te viene al dedillo.

¿Es posible querer mucho-mucho a alguien, enterarte de algo y ya no poder verlo ni en figurita? Increíble la dualidad humana, ¿no? Ya en 1886 Robert Louis Stevenson retrataba este fenómeno en su libro “The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde”.

El autor habla sobre ese desdoblamiento de personalidad entre el bien y el mal, esa lucha interna y constante. Conectándolo al tema de hoy, sería esa encrucijada entre: ¿Le hablo, no le hablo? ¿Le perdono, le guardo rencor? ¿Le deseo lo mejor, le deseo lo peor? ¿Le saludo, le evito?

Sobre el último punto, frente a la post-desilusión, tendemos a evitar a la persona. Si la ves en gradería sur, te vas a norte; si la ves en el pasillo, te das la vuelta rápido; si cruzan por accidente la mirada “justo” te llamó la atención algo que viste en el suelo [o en el techo]. En fin, tendés a la evasión.

Vayamos a los síntomas normales: duele cuando alguien te falla, no se puede autorregular la decepción ni con toda la racionalidad del mundo. Sos de carne y hueso, tenés sentimientos y no da gusto que la valiosa confianza que das te la rompan en mil pedacitos.

Pero aquí va mi opinión, y me valgo del título del libro que les recomendé este mes “Todos somos normales hasta que nos conocen”: con el ser humano te vas a decepcionar… siempre. Entre más cerca estamos unos de otros más evidentes se hacen nuestra rareza, nuestros pecados y asperezas.

Echo abajo el mito de la normalidad. Desde Adán, todos somos ligeramente extraños: guardamos defectos y fallas de carácter, no visibles quizá a primera vista. Pero dale tiempo nomás, está ahí. Es que la gente puede aparentar normal, pero esperá conocerlos -y que ellos te conozcan a profundidad-, se llevarán un ¡CHAN! a lo Teleshow [jajajaja]

Como John Ortberg lo describe magistralmente en su libro en mención, hay ocasiones en las que somos como puercoespines, poco “abrazables” e hirientes con nuestras púas.

La verdad es que si no es ahora, en algún momento de la vida caeremos en la cuenta de que la gente es imperfecta, y uno mismo también. Bastante. Pero nos necesitamos mutuamente. Dios nos hizo sociales, depositó en nuestro ser la necesidad de la comunidad, del compartir. Nuestra felicidad, salud y crecimiento están sujetos a nuestro relacionamiento con los demás.

¿Quién no quiere ser amado y tener amigos que perduren en el tiempo con la gran cualidad de que te acepten con tus defectos de fábrica? Es reconfortante. La clave para que justamente no andemos clavándonos púas y evitándonos en los pasillos radica en los siguientes aspectos: la autenticidad, la empatía, el perdón, la confrontación, la inclusión y la gratitud.

La película “Into the Wild” está basada en la vida real de un brillante muchacho que se harta del dolor de la sociedad y se fuga de mochilero a la solitaria y fría Alaska. La historia culmina prácticamente cuando Alex está por morir de enanición [solo en medio de la nada] y escribe  temblorosamente con lo que le queda de lápiz lo que sería el mayor aprendizaje de su vida:

Happiness is only real when shared.

La felicidad sólo es real cuando es compartida.

Wow. Pese a todo lo que nos pudieron haber lastimado, no abandonemos el ring. Luchemos contra ese otro yo [Dr. Jekyll and Mr. Hyde], y guardemos las púas. Puede que perdamos el afecto por alguien, pero nunca lo hagamos por la comunidad y por el compartir.

Admitamos: TODOS SOMOS NORMALES HASTA QUE NOS CONOCEN.

Vivan los lunes!

Es el día de los comienzos [de las dietas, de los ejercicios, del trabajo, del intento por extirpar un mal hábito], también es el día de retomar [mayormente los inconclusos del viernes y los postergados de semanas y semanas]. Es la jornada más reveladora de todas, la que demuestra si tenemos fuerza de voluntad, si estamos comprometidos, si le ponemos actitud a la semana.

Es, por supuesto, el día de magullarse contra la pared de la realidad, que pone a prueba si nuestras promesas son ‘pa ciertas. El día en que se quiere realmente. Y me enfocaré en este tercer punto.

Hace un tiempo escribí un artículo que se llama “Te querré por siempre”. Está basado en una frase del poeta francés Sully Prudhomme, ganador del premio Nobel en 1901, que dice:

“No atreverse a decir ‘Te querré por siempre’ es no amar. Decirlo es justificar el matrimonio.”

Y aquí va mi reflexión: Te querré por siempre es ser compañeros de lucha, es decepcionarnos y volver a creer. Te querré por siempre es acompañar en la sala fría de algún hospital, es tolerar el sobrepeso y la cara lavada. Te querré por siempre es escuchar a pesar del cansancio, es dejar de lado las etiquetas para dar paso a la intimidad. Te querré por siempre es rechazar los celos, porque son la aduana del amor. Te querré por siempre es sacrificarse sin esperar reciprocidades, es no tomar nota de los errores, sino que ayudar a enmendarlos. Te querré por siempre es ver vulnerable al otro y no apuntarle con el dedo. Te querré por siempre es agarrar fuerte de la mano a quien ha recibido un diagnóstico desalentador; es abrazar el sueño de la familia y no dejarlo morir. Te querré por siempre es elegir ser testigos de la vida de alguien más. “No atreverse a decir ‘Te querré por siempre’ es no amar. Decirlo es justificar el matrimonio.”

¿Queeeeeé tiene que ver esto con los lunes?, se preguntarán. Bueno, para mí los lunes representan la normalidad de la vida después del glamour [de los findes]; esas jornadas plúmbeas que aunque no nos gusten hay que vivirlas bien; ese cimiento que permite que la casa -coqueta por fuera- no se  derrumbe y se venga abajo con el tiempo.

Ojo! No hago una apología en contra de los fines de semana. Pero, si no fueran por los lunes, ¡no nos gustarían tanto los viernes! ;)

Mi punto: el día revelador, el día del aguante, el día que demuestra el “te querré por siempre” es… el lunes.

Y sí, a Mafalda le gusta el lunes, como le gusta la sopa, jaja

Riesgos y herrumbre

Siempre hay riesgos. Si escribís, puede que la editorial no te publique o que la gente critique tu estilo. Si jugás, te exponés a lesionarte o a echar a perder un partido. Si te enamorás, capaz no te correspondan o te lastimen.  Si hacés una inversión, puede que tu emprendimiento no resulte o tengas escasos clientes. Si decidís postularte a una beca o a un trabajo capaz nunca recibas la llamada de aceptación o no llenes los requisitos. En fin… riesgos, riesgos, riesgos :(

En su magistral libro Los cuatro amores, C.S. Lewis escribe:

“El menor grado de amor nos hace vulnerables. Ama cualquier cosa y seguramente tu corazón estará retorcido y tal vez quebrantado. Si quiere asegurarse de mantenerlo intacto, no debe entregarle su corazón a nadie, ni siquiera a un animal. Envuélvalo con cuidado y rodéelo de entretenimiento y pequeños lujos, evite toda maraña; asegúrelo en el cofre o ataúd de su egoísmo. Pero en el cofre, seguro, oscuro, inmóvil, sin aire, cambiará.”

¡¡Hasta amarle a tu perrito es riesgosooo!! Siiii.

Es que la comodidad y la seguridad resultan atrayentes, pero matan tu potencial. Succionan lentamente lo mejor de vos y terminan por herrumbrarte. El riesgo genera ansiedad, incertidumbre y adrenalina; sube a la fe al cuadrilátero de la práctica [y a veces recibe unos cuantos ganchos].

Pero atiendan bien esta frase de Theodore Roosevelt:

“El crédito le pertenece al hombre que está en la arena… quien, a lo sumo, conoce al fin el triunfo de un gran logro y, en el peor caso, si fracasa, al menos se atreve osadamente. De modo que su lugar nunca será con aquellas tímidas y frías almas que no conocen ni la victoria ni la derrota”.

En un determinado punto del mapa ya no se no sentirá la misma fuerza bufalezca del punto de partida. Es obvio que se experimentará impaciencia, dolor e inquietud de saber el resultado final. Pero también hay que tener certeza de que, si tenemos la fe y la tenacidad suficientes, nada nos impedirá llegar. Aunque el camino se vuelva empinado y hasta desgastante, el destino final de ese riesgo puede cambiarlo todo para bien.

Vivir no es para cobardes. “Hay que tener aguante”, he’i mi hermano. Y si bien las temporadas difíciles no se hacen esperar, los riesgos que tomás pueden marcar un hito, romper un récord, salvar vidas, honrar un legado, cerrar la boca a más de un criticón y hacer la diferencia en muchas vidas.

Así que, podés fracasar, podés triunfar, pero nunca te dejes herrumbrar. Que al final de tu vida, no te arrepientas por haber estado siempre en una zona de seguridad. Que puedas hacerle frente a los riesgos y morir como lo hacen los árboles… de pie.

La lealtad de Hachi

No lo esperé venir, honestamente. Puse el DVD y pensé que sería una historia previsible sobre un perro que realiza un acto heroico para salvar a su amo. Pero grande fue mi sorpresa. Corazón Valiente y Patch Adams ostentaban el récord de films que más me hicieron llorar. Jamás me imaginé que una sencilla película sobre la fidelidad de un perro japonés me tocaría una fibra emocional que me tuvo literalmente llorando más de media hora seguida. Terminé rodeada de pañuelitos, con nariz rodolfa-la-rena, congestionada y ojos hinchados de knockout. Menos mal estaba sola.

Se trata de una historia real que ocurrió en el segundo lustro del siglo XX en Japón, aunque la versión que vi fue readaptada al contexto americano [en otras palabras, la yankizaron para que sea comercial]. Estuve pensando nomás, ¿por qué me conmovió tanto? ¿Qué de profundo tenía su mensaje? Bueno, valiéndome de Wikipedia aquí va la historia [y les advierto que ya les maté la película porque les cuento el final, jeje]:

Hachikō, a veces conocido en japonés como ハチ (Hachikō, el perro fiel), era un perro de raza Akita [sí, como mi apellido, jaja] nacido en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate (Prefectura de Akita, Japón). En 1924 fue trasladado a Tokio por su amo,  Eisaburô Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya viajó durante dos días en tren, en una caja. Cuando lo fueron a retirar sirvientes del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.

Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro un vaso con leche, y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las piernas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés) por la similitud con el Kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (ハ). En otras palabras, el perro era chueco, jajajajaja.

Al comienzo, Hachi iba a ser regalado a la hija del profesor, pero ésta se casó, así que el profesor pronto se re encariñó con el perro. Hachi se despedía todos los días desde la puerta principal cuando el Dr. Ueno iba al trabajo , y le recibía al final del día en la estación de Shibuya. Hasta ahí era medio kaigüe la película, pero aquí se pone interesante:

El Dr. Ueno muere sorpresivamente en mayo de 1925. Pero Hachi volvió CADA DÍA a la estación a esperarle, y lo hizo durante DIEZ AÑOS, hasta su propia muerte.

La devoción que Hachi sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, que lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachi estuvo presente el día que se presentó la estatua.

Hachi murió de causas naturales en marzo de 1935.

Bueno, contándolo por escrito no es tan emocionante como ver la película. Aún así, ver la fidelidad y la lealtad del perro que volvía -con lluvia, frío, nieve, calor, hambre- todos los días a las 5pm a la estación de tren a esperar a su amo fallecido, me emocionó.

Casi al final, se muestra a un Hachi viejo, canoso, de lento caminar, que se coloca frente a la puerta de la estación [donde por 10 años fue su lugar de espera] y se acuesta por última vez… para morir. Y morir fiel.

Cada uno de nosotros tiene en alta estima algún valor o principio. Para mí es la fidelidad.

La gente en la actualidad tira demasiado rápido la toalla y se da por vencida ni bien las cosas se ponen un poco difíciles. Tomemos un ejemplo: la mayoría de los matrimonios no pasan los 10 años.  ¿Y por qué hay que poner todo por escrito hoy en día? Porque las promesas de palabra son rotas al dos por tres.

La fidelidad es la virtud de dar cumplimiento a las promesas. Es decidir hoy lo que vas a hacer más adelante, sin importar las circunstancias. Es la capacidad de no engañar a los demás, de no traicionar bajo ningún precio lo que se cree. Es la perseverancia de fierro.

La película metió el dedo en la llaga: hasta un perro es más fiel que un ser humano a veces.

PD: Pese a haberles arruinado el final, les recomiendo ver “Hachikō“. Y tengan un kleenex a mano.

Las personas primero

Escribo estas líneas desde el aeropuerto de Guarulhos. Gozo de una hora y media libre antes de embarcar. Quiero resumir una conferencia que escuché pero el problema es que debo pensar a la velocidad de la luz porque sólo me restan 13 minutos de batería. Probablemente termine este post en Asunción, cuando esté más descansada y con un enchufe cerca.

Mientras, aquí vamos. No puedo quitarme de la cabeza la ponencia del argentino Bernardo Kliksberg del jueves por la mañana. Admito que tenía altas expectativas, porque ya lo escuché en dos oportunidades en eventos de las Naciones Unidas en Paraguay y siempre me pareció una persona muy ética, locuaz y sumamente inteligente. No decepcionó esta vuelta. Al contrario, fue de lo mejorcito en la Conferencia [www.ethos.org.br/ci2010]. Recientemente -calentito del horno de la editorial- lanzó su libro número 47: “Las personas primero”. Lo escribió en co-autoría con el ganador del premio Nobel de la Paz, Amartya Sen. Ellos reflexionan sobre algunos de los principales problemas del mundo globalizado y examinan las principales soluciones en torno a éstos. El Dr. Kliksberg enumeró 9 escándalos éticos en la actualidad durante su charla y yo traté de ser una esponja. A continuación va lo que me acuerdo [espero hacerle justicia]:

1. El hambre inexplicable

Hay un récord de personas con hambre en el mundo. La cifra escala a 1020 millones. Es decir, 1 de cada 6 habitantes de la Tierra pasa hambre. Desde el punto de vista tecnológico NO HAY EXCUSA para esto. América Latina produce 3 veces más alimentos de lo que necesita y aún así tiene un 16% de niños desnutridos. Para que vean que el hambre no es un problema de producción, sino de distribución. Atiendan bien esto:

Al año se necesitan sólo 30 mil millones de dólares para combatir la pobreza, cuando en armas se gasta 700 mil millones. Irónico.  Inexplicable cómo seguimos teniendo pobreza en el mundo.

2. Sin agua potable ni instalaciones sanitarias

Un ser humano necesita 20 litros de agua limpia por día. Los europeos usan 200 litros y los americanos 400. Un verdadero derroche, mientras en otras partes a la gente no le queda otra que tomar agua contaminada. Alrededor de 200 millones de personas carecen de una instalación sanitaria. Humillante.

3. El trabajo infantil

1 de cada 6 niños en A.L. trabaja en las peores condiciones [suman 17 millones, de las cuales 10 millones son niñas en situación de “sirvientas”]. Por darle un eufemismo: es la esclavitud del siglo XXI.

4. Los déficits en educación

121 millones de niños no van a la escuela. Lo que me lleva a pensar: ¿qué serán cuando sean grandes? Creo que esa respuesta la vemos todos los días en los semáforos.

5. Madres en riesgo

Mueren 400.000 madres por año al dar a luz. El 99% de ellas en países en vía de desarrollo. Esto es totalmente evitable.

6. Discriminación por género

La mujer sigue ganando menos que el hombre, son pocas las que llegan a puestos de influencia y al orden del día están la violencia doméstica [que no se denuncia y cuyos verdaderos números nos podrían asustar] y la cultura machista.

7. Difícil ser joven

En A.L. hay 7 millones de jóvenes desocupados. El 20% está fuera del mercado laboral y del sistema educativo. ¿Dónde están las oportunidades?

8. Cambio climático

Las catástrofes naturales obligaron a 50 millones de personas a migrar. Ya vimos lo que pasó en Haití y en Chile.

9. Las agudas desigualdades

El 85% del capital del mundo están en manos de un 10%. Nada más que agregar.

LAS FALSAS EXCUSAS PARA LA DISPLICENCIA:

  • Los pobres son los responsables
  • Pobres habrá siempre
  • ¿Yo qué tengo que ver?

Todos estos escándalos éticos son superables. Sólo hace falta ÉTICA y ACCIÓN. La crisis reciente en Wall Street que repercutió globalmente, fue por falta de ética. La de Grecia [en la actualidad] también lo es.  Realmente todo lo expuesto por el Dr. Bernardo Kliksberg fue cierto. Me impresionó su solidaridad, su compromiso ético, su humildad y su demostrada capacidad de análisis donde conjuga expertise técnico y conciencia social revalorizando lo humano.

Este señor realiza un aporte inmenso al pensamiento social trabajando por una ética para el desarrollo, que busca remediar las secuelas del pensamiento ortodoxo, que DISOCIÓ totalmente la ética de la economía. Esta ética para el desarrollo busca regresar la ética al comando de la economía. Ese es el camino. LAS PERSONAS PRIMERO; NO EL LUCRO.

No entiendo cómo hacemos tanta repercusión sobre el tema “Crisis financiera” y no nos escandalizamos por la pobreza, la discriminación, la falta de educación, el trabajo infantil, etc. A eso le tenemos que llamar CRISIS también. Y ponerla en tapas de diarios.

Estar 100%

Decía el reconocido periodista polaco Ryszard Kapuscinski que: “un viaje constituye una fuente, un tesoro, una riqueza incalculable”. Ciertísimo. Cada vez que una sale de su contexto, de su cucha, de su tierra, y traspasa sus horizontes, algo aprende, los sentidos se agudizan y se está más consciente de las cosas. Hasta hacés un snif más profundo del aire, jajaja.

Esta semana quiero compartir con ustedes sobre un aprendizaje durante mi estadía en Sâo Paulo:

ESTAR 100%. Durante una reunión que compartí con varios líderes de organizaciones regionales me di cuenta de una mala costumbre contemporánea que tenemos: no estamos. Mientras uno de nosotros exponía su informe/comentario sobre un tema “X” en la reunión, el resto escribía en sus laptops, enviaba mails, chateaba, mensajeaba con el Blackberry, … en otras palabras estaban presentes físicamente, pero ausentes en la concentración.

Hay que considerar que se trata de gente ocupada que lidia con mucho trabajo y que probablemente estaba coordinando cosas con sus oficinas respectivas. PERO, mientras más ocupado, mayor provecho hay que quitar de los breves momentos con que se cuenta para cada actividad. Una cosa a la vez [evitar las tareas múltiples]

Esta experiencia, que a la mayoría le pasaría desapercibida, a mí me llevó a pensar en un libro que  se llama “Los 5 lenguajes del amor” [ya veo que algunos amigos se estarán riendo de mí por haberlo leído, jaja. Es buen libro, highly recommended]. Dentro de estas cinco maneras de demostrar a alguien que le amás, se encuentra el “tiempo de calidad”. Consiste en prestar total atención a una persona cuando está hablando, simplemente escucharla, entenderla, hacerle sentir “te sigo, me interesa lo que me contás, estoy 100% aquí”.

No es matar el tiempo, pasar el tiempo o gastar el tiempo. Es INVERTIR el tiempo en otros. ¿No les pasó alguna vez que salen con alguien a tomar un café o comparten una conversación importante y el otro no deja de estar pendiente de su celular [y mensajea al mismo tiempo que te habla y "escucha"]? Ese es tan sólo un ejemplo.

En fin.. en dicha reunión cada uno estaba en lo suyo. ¿Será una epidemia actual el que no podamos hacer un time-out y realmente disponer nuestros 5 sentidos mientras la otra persona nos intenta comunicar algo?

Pienso que el tiempo, hoy por hoy, es un regalo [La frase más común que se escucha es "No puedo, porque no tengo t...."]. Por ello, el tiempo de calidad es fundamental. Si estás en una reunión de trabajo, no particiones tu cabeza con asuntos particulares. Concentrate en lo que necesitás captar. Si un amigo o una amiga te pide para conversar, tratá de no distraerte mirando a la gente que pasa a tu alrededor o en el próximo compromiso que tenés; si tu papá o tu mamá justo está cansado/a y quiere charlar un poco sobre lo pesado de su día [a pesar de que no querés saber nada de eso], escuchale y mirale a los ojos, no hagas zapping en la televisión a la par.

Para los que se quedaron curiosos: los otros lenguajes del amor son “palabras de afirmación”, “regalos”, “afecto físico” y “actos de servicio”.

Bueno, son casi la 1.00 AM y mi coherencia de palabras está en su más bajo nivel, mañana me espera un día largo.

Así que ya saben: tiempo, pero DE CALIDAD. Estar, pero 100%.

Lo dice Proverbios “Todo tiene su tiempo”.

Días plúmbeos

“Que pesan como el plomo”. Se trata de esas jornadas en las que se termina con ojos rojos, contracturas y poco ánimo. De las que suman su granito de arena para un potencial stress. Los detonadores son múltiples: desde una llamada non grata, las crispaciones familiares, una equivocación tuya, la presión laboral o académica [sumada a fechas límites que te respiran el cuello], una decepción, la enfermedad de un ser querido [y el desgaste emocional que eso acarrea], recibir una crítica destructiva, hasta TODO eso en conjunto. Pasa, ¿cierto?

Hay de esos días. Encima que ya estás vulnerable, también pasa que tenés que imprimir algo urgente y se termina la tinta negra. O ya son las 12.30 del mediodía, los hijos tienen hambre [la comida va por la mitad] y mirás la hornalla y te das cuenta que el gas se está acabando. Y para colmo, tuviste un mes de imprevistos económicos, y revisas tu buzón y allí está la siempre puntual montañita de facturas de ANDE, ESSAP, Internet, tarjeta de crédito, seguro médico [...] y sabés que tu sueldo “ya tiene todo nombre”.

Son los días plúmbeos. Los que te dejan sin aire, los que echan tu casa de naipes, los que dejan un resto de vos a la noche, los que casi te hacen perder los estribos, los que te ponen “argel” [acorde a la percepción de los que te rodean].

Aquí viene el PERO: Es posible sobrellevar esos días y aprender algo de ellos. Ya que sentís que te caíste al suelo, aprovechá para recoger algo :)

En los días plúmbeos podemos ejercitar el dominio propio, desarrollar madurez emocional, confiar más en Dios, dejar de un lado el orgullo y pedir perdón, también perdonar a quienes nos lastimaron; aprender a ser responsables, a no evadir las dificultades, a ser valientes.

Existe algo denominado la barrera del dolor. Es un proceso que todo atleta atraviesa para conseguir el máximo rendimiento. Sus músculos deberán soportar molestias en ciertas ocasiones para que se ensanchen y se fortalezcan. Como atletas de la vida que somos, los días “que pesan plomo” son los que ejercitan nuestros músculos. Y a tener en cuenta que no somos velocistas, sino corredores de fondo [de resistencia]. Así que, para adelante amigos. No dejemos que lo negativo sea el veredicto final.

Un versículo bíblico para reflexionar:

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” Génesis 18:14

Recuérdenlo.

Escribo para descubrir

Howdy,

Empieza el redoble de tambooooooores: ¡Bienvenidos a mi rincón en la web! Pretendo que sea un espacio aleccionador, testimonial, detectivezco, incisivo, auténtico y comunitario con ustedes. ¿Por qué habilitar un blog? [en realidad es el tercero al que doy a luz en estos años, sin sostenibilidad. Le deseo a éste una vida matusalénica] La idea es archivar mis vivencias y pensamientos a la luz de mi formación, mi fe y mis convicciones. Pero hacerlo en voz alta y públicamente, para ver si alguien levanta la mano e intercambia ideas conmigo.

Parafraseando a Daniel E. Arias [un periodista argentino G-E-N-I-O que conocí en el 2007], espero encontrar en ustedes gente que me ataje los smash, los globos y los tiros de esquina y me los devuelva con “slice” y “topspin”, pero con una taza de café en la mano.

Espero ser sencilla como para que me lean de un tirón. Sé que hay gente que goza de una claridad de redacción, un distanciamiento profesional, buena contextualización y cruce de fuentes múltiples. En síntesis, que escriben un chiche periodístico. Les advierto con cartelito en mano: No se generen altas expectativas conmigo, soy apenas una aprendiz.

Sólo quiero eso que Cortázar expresó alguna vez: 

“Yo escribo para saber, para descubrir, para averiguar…”